Prólogo: El camino a la redención comienza

—Incluso ahora, profundamente recordaba los sentimientos que tenía en ese momento.

Los lugares familiares para ella, tenían llamas a su alrededor; las personas que conocía se habían convertido en cadáveres silenciosos.

Un mundo llegando a su fin. Un mundo cerrado. Un mundo desagradecido.

Un mundo que era duro, insensato, y no traía nada más que dolor.

Aun así, extendió su mano, movió sus dedos, estremeció sus labios, y suplico.

Después de todo, aunque era un mundo que no tenía salvación, aún era el único que tenía.

Era un mundo que siempre le dio la espalda, apartaba su mirada ante sus ojos, un mundo que solo podía mirar desde lo lejos.

Quería destruir súbitamente ese muro; mirar de reojo al mundo amplio y brillante ante ella; y grabarlo en sus ojos cerrados el color de la piel quemada por el sol, el color y el olor de la carne quemada, el color de los hermosos “cuernos” que danzaban en el cielo—

Aquí estaba el mundo a punto de acabarse, y ¿en que estaba pensando?

Incluso para entonces, aun podía recordar los sentimientos que tenía en ese momento—

Después de eso, dedico cada uno de sus días sobre todo a eliminar su culpa sobre esos sentimientos.

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